EL CORAZÓN ANCESTRAL

La mujer, para poder crear, necesita del ruido de las hojas, de los lagos limpios, del silencio y la comunión con el corazón ancestral, el corazón de los tiempos. Necesita estar tranquila, tumbarse en la terraza para mirar las nubes, no hacer planes el domingo ni pasar las horas en conversaciones insustanciales sobre ésto o sobre aquello. La mujer, para poder crear, necesita establecer un compromiso consigo misma, un acuerdo de fuego que, de aquí en adelante, tendrá que revisar todos los días de su vida. Se trata de una promesa callada, de un empeño inquebrantable que la empujará para siempre a buscar alimento, a rastrear en los sueños, a descubrir la verdad, y a vivir con coraje. Todo ello la mantendrá nutrida, concentrada en su tarea y dotada de sentido.

Pero esta promesa es ardua, sobretodo porque hay miedo. La mujer se ve imbuida en un sin fin de actividades, su día a día transcurre entre enormes bloques de cemento, pasos de cebra, los deberes de los hijos, los deberes del trabajo, la compra, las prisas, las llamadas pendientes, la comida ¡rápido! que hay que llevar a Sara a Inglés… Así hasta que llegan los ansiados fines de semana, momentos que podrían ser extraordinariamente personales, ricos y reveladores se agotan, sin embargo, entre vinitos, cenas con amigos y la tele al mediodía. ¿Cómo queremos, entonces, crear algo increíblemente genuino y auténtico?, ¿de dónde vamos a sacar la magia si nos mantenemos tan ocupadas?, ¿cómo pretendemos siquiera encontrar la claridad, saber el rumbo?

Quiero dejar escrita mi postura: no es culpa de “la sociedad”. Siempre he creído que la cualidad más importante para el crecimiento personal es la sinceridad con una misma, la capacidad de ver las cosas que duelen y no son tan bonitas como habíamos imaginado. Y siendo sinceras, si echamos un vistazo a nuestra agenda, la verdad es que podríamos reducir nuestra lista de actividades a la mitad. Pero hay miedo, queridas, hay mucho miedo al tiempo LIBRE, a estar en silencio, a permanecer en nosotras, a no ser nadie. Porque entonces la vida que nos hemos montado, se nos cae. Porque entonces nuestra historia, con todos sus episodios, sus alegrías y sus desgracias, de desmorona, como se desmoronan las fantasías de los cuentos. Y nos da pavor, reconozcamos, preferimos seguir entretenidas, ensimismadas en los planes venideros. Hasta que descubrimos que la tierra es infinitamente generosa, y no va a permitir que sus hijas permanezcan mucho tiempo en la superficie, como si nada. Por eso, tarde o temprano, todas acabaremos sintiendo un vacío abismal, y será como un agujero negro que tirará de nosotras hasta lo más hondo. Entonces necesitaremos anclajes, una hoja de ruta para poder bucear entre las sombras y salir vivas de ahí.

La mayoría de las mujeres (y de los hombres) nos hemos instalado cómodamente en el arquetipo de Perséfone, la doncella, la inocente niña que recoge distraída las flores, mientras juega y deja pasar los años. Tomamos las decisiones como por inercia, desperdiciamos nuestro tiempo en ambientes que ya no nos llenan, trabajamos en algo que no satisface nuestras inquietudes y vamos cumpliendo los 20, los 30, los 40… Hasta que, como se cuenta en el mito griego, llega Hades y nos arrastra al mundo subterráneo, al mundo del inconsciente, los sueños soterrados y los personajes ocultos. Primero nos sentimos aterradas, queremos salir como sea hacia la luz, elaboramos un sin fin de estrategias para ello, gritamos, pataleamos. Pero… van pasando los meses, y vamos haciéndonos valientes, vamos mirando lo que nunca quisimos ver y descubriendo nuestra verdad profunda. Nos hacemos cargo de todos nuestros sufrimientos, tomamos conciencia de la rabia que escondimos, reconocemos las pasiones que se nos murieron por el camino y crecemos una inmensidad. Casi sin darnos cuenta, nos hacemos reinas del mundo de abajo, como Pérséfone, y nos convertimos en personas mucho más hondas y completas. Y una vez vista la oscuridad, una vez enfrentado el miedo, estamos listas para firmar la promesa del principio: no dejar que pase un solo segundo en balde, no descansar hasta encontrar lo sagrado, no volver a cerrarle la puerta a la soledad. Entonces estamos capacitadas para crear, podemos salir de nuevo a la claridad del día, con la cabeza bien alta, y fluir con esa fuente que nos nutre, que nos anima, que nos permite producir belleza a cada golpe.

Te cuento ésto porque estas últimas semanas la vida me ha devuelto al subsuelo, me ha obligado a convivir con toda clase de fantasmas, monstruos y personajes de terror. He sentido el dolor que producen los abismos gigantes, los agujeros oscuros y las tristezas sin resolver. Pero estoy de vuelta, amiga, con nuevos horizontes, con paisajes lindos, con palabras en los dedos y decisiones tomadas. El jueves pasado estuve con mi compañero en la ermita de Umbe, un pequeño lugar de oración entre colinas. Los dos nos mojamos los pies y la cara en el agua que manaba de la montaña, y caminamos en silencio por el sendero por el que, años atrás, se había visto a la Virgen. Hacía muchísimo viento y los tilos centenarios querían comunicarse, cantar con nosotros, limpiarnos las penas. Los grillos empezaron a sonar entre espigas, las rosas agitaron su cuerpo y algo mágico ocurrió: sentí las ganas de escribir de nuevo, tan inmensas en el pecho como siempre. Y recordé que la mujer, para poder crear, necesita del ruido de las hojas, de los lagos limpios, del silencio y la comunión con el corazón ancestral, el corazón de los tiempos. Grábalo a fuego, hermanita.

Abrazos y estrellas,
Nuria.

*Aprovecho este post para agradecerle infinito a mi tocaya, Nuría García, por su tiempo, su paciencia y su arte a la hora de hacer fotos. No he visto persona más atenta y natural:) Podéis encontrarla en su blog: http://nurilove.wordpress.com/

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14 comentarios en “EL CORAZÓN ANCESTRAL

  1. NuriLove dijo:

    Me han gustado mucho tus palabras, lo que has escrito, qué cierto es, nos perdemos en la vorágine de nuestras vidas y a veces es cierto que no queremos parar para bajarnos de la montaña rusa y pararnos a mirar, no vaya a ser que lo que veamos no nos guste…..
    Aparte de eso, muchas gracias por las palabras que me dedicas al final, me has emocionado. Muchísimas gracias, eres verdaderamente encantadora. Aparte de muy sabia e inteligente. Es un regalo muy grande conocerte, ya te lo he dicho alguna vez.
    Un abrazo de Nuria a Nuria

  2. fatimagomezsanchez dijo:

    Como bien dices no hay que cerrar la puerta a la soledad, porque es necesaria para encontrarnos y continuar. Cada día me doy más cuenta de lo importante que es cuidar de uno mismo, cuidar de tu alma, conectarla con lo mas sencillo, y escuchar los mensajes que nuestro cuerpo y nuestra mente nos da… y es que a veces estamos tan inmersos en el día a día que no interpretamos esos mensajes, nos olvidamos de nosotros mismos y caemos en una rutina y en una aboragine de cosas sin sentido que carecen de beneficio alguno para nuestro alma…y de esa manera podríamos decir que nos vaciamos…por eso es tan importante pararse para vivir, para preguntar a tu alma y para disfrutarde esa tan necesaria soledad.

    Gracias por abrirnos tu corazón . Lo que escribes siempre me hace pensar y sentirme unida a ti de alguna manera en la distancia. Eres grande 😉 un beso fuerte

    • mujertaruk dijo:

      Sí, yo también me siento unida a ti, Fati, a pesar de que hace ya varios años que no nos vemos. Me gusta mucho seguir en contacto contigo y me encantan tus reflexiones, llenas este blog de más poesía aún 🙂

  3. Pilar dijo:

    Uauuu! que reflexión y reflexiones de las compañeras más acertada! yo también lo siento tal cual así. Lo siento tan reconfortante al leerlo que solo puedo darte las gracias por expresarlo con esa sensibilidad que tu Nuria tienes, con esa calma…y tan profundamente que me llega al alma. Un abrazo.

    • mujertaruk dijo:

      Gracias Pilar!!!! Me alegra mucho que te haya llegado este post, es taaan necesario parar y mirar fijamente a los ojos de nuestros miedos más profundos…. Te mando un abrazo giganteeee!!! 🙂

  4. envioleta dijo:

    Espero que sigas enlazando tus escritos en Facebook para poderlos leer, así, cuando pueda, cuando dedique 10 minutos de lectura centrada de mujeres hermanas, aliadas, en sintonía y conectadas con esa razón de ser femenina de cuidar, de atender y estar siempre disponible, también para nosotras en esos momentos como bien llamas de calma y paz, donde realmente podemos vernos y cuidarnos. Gracias por traer a la luz esa necesidad de parar que deberíamos prácticamente imponernos porque como bien dices, nos come el miedo a descubrir lo mejor, que hay mucho más. Leyéndote me ha venido a la cabeza mi hija y su a veces in-acción que malinterpretado y ahora recojo como una gran sabiduría. Qué bonito es detenerse.

    • mujertaruk dijo:

      Me ha encantado tu comentario, Envioleta, siento no haber podido responder antes (estoy sin Internet en casa). Me parece precioso que hayas sido capaz de detenerte un momento y ver la belleza que esconde la aparente inacción de tu hija, seguramente ella se haya dado cuenta, antes que nadie, de que es necesario parar, disfrutar, saborear la vida. Gracias por tus palabras, bonita:)

  5. Chiqui dijo:

    ¡Verdades verdaderas, dices! Es cierto que llenamos la agenda tanto, tanto, que llevo dos días de retraso para leerte y no quiero dejar de hacerlo porque me sientan muy bien tus reflexiones y me unen a ti en la obligada distancia.

    Tengo que agradecer a las nuevas tecnologías (de las que era tan poco amiga) el que nos acerque de este modo y nos permita compartir.

    Me siento muy orgullosa de ti y de lo que eres capaz de escribir. y de transmitir. Me transportas a otro tiempo cuando eras niña y nos sentábamos a hacer dictados y a leer y a jugar.

    • mujertaruk dijo:

      Jejeje, los dictados me gustaban mucho, y jugar a las peluquerías y ver una y otra vez las mismas películas. GRACIAS, ma, por haber estado ahí en tantos momentos bonitos de la infancia. Te llevo siempre conmigo ❤

  6. Bárbara dijo:

    Qué bello Nuria! qué duro es a veces ver la propia sombra, pero qué reconfortante es volver a encontrarse… es un camino necesario de recorrer, aunque a veces sea incómodo, pero cuánto aprendemos…. muy lindo, me siento muy identificada

  7. Ane dijo:

    Querida Nuria! Me ha encantado. Tienes razón! !!! Cómo vamos a crear nada, siquiera conectar con nuestros más profundos deseos, si no somos capaces de zambullirnos en el silencio y en la quietud. Aquí estoy barriendo y haciendo huecos a mi misma y aprendiendo a disfrutar de un tiempo que no esté lleno de cosas interesantisimas…. pequeñas trampas que nos tendemos para evitar ocuparnos de nosotras! Besos y feliz luna llena! !!!

  8. mujertaruk dijo:

    Di que sí, Ane, las tareas de la casa son grandes medicinas para alma, cuando barremos en realidad nos limpiamos por dentro, nos quitamos el polvo; cuando ordenamos, colocamos las cosas en su sitio: los pensamientos, las emociones, las ideas… Sigue barriendo, Ane, que yo barro contigo 🙂

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