LA HABITACIÓN NARANJA

Las calles eran de piedra y sudor, de aguas fecales y esencia de rosas. Había niños morenos por todas las esquinas y hombres de uñas negras liando tabaco. Era de noche. A lo lejos, se escuchaba a un gato famélico pidiendo comida, su llanto atravesaba los pequeños hogares añil y blanco e inundaba el ambiente de una melancolía vieja y profunda, pesada como el acero. Ella llevaba el pelo recogido en un moño, todavía no estaba acostumbrada a tanto calor y el sudor le corría por el cuello. Le hubiera gustado pasar desapercibida, ser tan invisible como cuando vivía en Madrid y paseaba por el Rastro. Pero allí, en Tánger, el flequillo dorado le caía sobre los ojos y le daba un aire despistado, moderno, típicamente extranjero. A veces sentía nostalgia de su tierra, sus amigos, sus padres… aunque tenía recursos. Cuando el recuerdo le atravesaba los días, llevaba la mirada al cielo y contemplaba la luna, contemplaba todas aquellas estrellas y constelaciones cuyos nombres adoraba: Aldebarán, Pegaso, Orión, Antares. Le tranquilizaba encontrar un referente común, una imagen que la seguiría hasta el final de su vida, aunque se hallara en África, aunque viajara hasta la otra punta del planeta. Sirio, Altaír, Vega, Alnath, siempre había pensado que, si algún día su tripa se hinchaba y le salían hijos del alma, los llamaría así, para que brillaran a través de los tiempos e inspiraran a miles de personas.

Era la primera vez que viajaba por su cuenta, había tenido el impulso en más de una ocasión, pero nunca se había atrevido a moverse sola, se escuchaban tantas historias fatales de mujeres que… Sin embargo, Tánger ejercía un magnetismo misterioso sobre ella, parecía como si la ciudad de polvo la hubiera estado buscando todos estos años, sosteniendo un trozo de cristal entre las manos para cegarla con su luz, para traerla por las tripas. En Madrid ya nada tenía sentido, había perdido su trabajo y la rutina le estaba comiendo las horas y la gracia. Estaba cansada de las conversaciones de siempre, de las noches en las salas de teatro alternativo, de la comida vegana, de los círculos New Age… Le parecía tan snob todo aquello… Y, qué coño, se había pasado las madrugadas del último año leyendo historias de mujeres valientes, de mujeres que habían cruzado medio mundo para crear algo nuevo, para ser más libres y más ellas. Ahora era su turno. Así que no se lo pensó dos veces, se compró varias guías de viaje, hizo rápida la maleta (siete bragas, cuatro blusas, dos pantalones y un jersey) y se embarcó en esta locura.

Llegó a la bulliciosa Tánger un miércoles por la tarde, con el cielo limpio y un sol enorme, gigante, que abrasaba la piel y la tierra. Lo que más le llamó la atención fue el ruido de la ciudad, las plazas abarrotadas de gente, los comerciales con las carretas y los burros, los gritos, el tempo. A pesar de que, en la última década, se había convertido en una ciudad turística, seguía dando la impresión de tener un ritmo particular, muy alejado de las urbes europeas y, por supuesto, de Madrid. Las tareas se sucedían despacio y los acontecimientos se iban encadenando con suavidad y calma, como si uno fuera a vivir eternamente y entonces no hubiera prisa. Cuanto más observaba Nala el paisaje ante sus ojos, más detalles pequeños descubría: los esbeltos ramilletes de canela exquisitamente colocados, la mirada del viejo que todo lo sabe, los camaleones disecados para evitar el mal de ojo, el pelo enmarañado de las niñas, el rosa pálido del atardecer… Y, con cada detalle, su corazón adormecido volvía a pulsar y, sin poder evitarlo, le iban saliendo raíces de los pies. Sabía que no había cruzado el océano para hacer turismo.

La buena ventura hizo que, paseando por la calle Semmerine, tropezara con un cartel en inglés que anunciaba una casa de huéspedes. Se trataba de un edificio rehabilitado de dos plantas, pintado de azul y con flores en las ventanas. Entró a preguntar si había habitaciones libres y quedó gratamente sorprendida, el interior de la vivienda le pareció cálido y luminoso y en el aire empezaban a intuirse los olores de la cena: pollo con limones encurtidos y comino. En la recepción estaba Abdel, un hombre bajito y arrugado que miraba la tele en una vieja pantalla. Era imposible adivinar su edad, lo mismo podía tener sesenta que cien, pero en sus ojos se dejaba entrever una antigua sabiduría, un estar bien con las cosas tal como son. Abdel miró a Nala con familiaridad, como si hubiera estado esperándola desde hace tiempo y ahora estuviera satisfecho con su llegada, asintió varias veces con la cabeza y consiguió decir – Yes, yes, here, little-. Después se levantó con asombrosa agilidad y condujo a la chica hasta una de las habitaciones de la segunda planta. Se trataba de un cuarto sencillo pero elegante, con muebles de madera oscura y paredes en naranja. Pero a ella lo que le importaba eran las vistas, que daban al Zoco Grande de la medina, tan ruidoso y alegre. Desde pequeña había sentido una atracción inexplicable por las ventanas. Mientras que los demás niños disfrutaban jugando al pilla pilla, Nala prefería quedarse cerca del cristal, contemplar el mundo cambiante al otro lado, sentirse observadora más que partícipe. Por eso había estudiado Filosofía, porque era de los pocos saberes que le permitían seguir mirando desde la ventana, tomar distancia de lo que sucedía para poder entenderlo mejor. Pero claro, la filosofía no daba de comer y pronto tuvo que bajar a tierra y ahí empezaron los problemas y… En todo ésto pensaba cuando Abdel interrumpió sus recuerdos -Dinner, little, comidah- . Y Nala consiguió reírse al fin, había cosas por las que sin duda merecía la pena aterrizar. Como el pollo, como el viejo amable, como Tánger.

** Mujeres hermosas, ayer se me ocurrió ésto y quiero pediros opinión. ¿Qué os parecería si, paralelamente al blog y a las entradas de siempre, fuera surgiendo una novela sobre sabiduría femenina? Éste podría ser el comienzo del primer capítulo 🙂 Dejo en vuestras manos el “continuará” o no. Feliz día!!

Nuria.

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51 comentarios en “LA HABITACIÓN NARANJA

  1. Estererizo dijo:

    Te animo a que continúes. No me canso nunca de leerte. Sería una lástima que no aprovechases ese talento que tienes!!!!

    !!!!!!A por todas!!!!!!!!! Que paseu un meravellós día!! mil besets!!!

  2. fatimagomezsanchez dijo:

    Escribe, escribe, escribe… me he quedado con ganas de más… 🙂
    Eres asombrosa, me encanta leerte…
    Te puedes creer que ayer comencé a pintar y se me da regulero (aunque mejor de lo que esperaba) y que una de las imágenes que se me pasó por la cabeza pintar es una ventana? Jaja Me parezco a Nala y me gustan las ventanas 😉

    Un besazo tan grande como el sol

    • mujertaruk dijo:

      Es verdad, Fatiii!!! podrías ser Nala perfectamente, con tu flequillo rubio 🙂 A mí también me encantan las ventanas, son mi pasión desde pequeña:) Ahhh!!! y me alegra infinito que hayas comenzado a dibujar!!! ya verás la de cosas que descubres!!! ❤

  3. Leticia dijo:

    Acabo de aterrizar en tu blog por primera vez. He leído y disfrutado lo que parece que será el comienzo de una novela ágil, deliciosa, entretenida y llena de ricos matices. ¡Me gusta! Te animo a que continúes la historia

  4. cristina dijo:

    Querida Nuria, pues a mi me encanta la idea. Como a la protagonista Nala, yo tambien quiero leer historias de mujeres valientes que quieren ser libres, mas ellas. Y esta historia pinta asi, y me encanta. Quiero estar con Nala en Tanger y aprender cositas con ella!! Un abrazo linda.

    • mujertaruk dijo:

      Jeje, pues sí, este tipo de historias son medicina en sí mismas, nos ayudan a superarnos a nosotras mismas y a romper nuestras propias limitaciones. Gracias Cris por tu apoyo!!! Te abrazo muy fuerteee 🙂

    • mujertaruk dijo:

      Qué bien Mixinsite!!!Me alegra mucho que sea justo lo que necesitas, a ver si entre todas te (nos) damos el empujoncito para emprender ese viaje en soledad que, más tarde o más temprano, nos tocará hacer 🙂 Un abrazo requetegrande!!! 🙂

  5. little miss sunshine dijo:

    petitcoeur: Escribe, escribe, con o sin nuestro permiso. Escribe, porque sabes hacerlo y a medida que lo hagas lo harás mejor. Andando se aprende a andar, y así se hace el camino. Escribe, porque es la única manera de ESCRIBIR. Transmites emoción, belleza, coherencia …y mucha poesía. Escribe Nuria, porque nos harás a todos gozar

  6. Chiqui dijo:

    Me ha enganchado y está tan bien descrito que veo la habitación , el Mercado, los niños jugando con el pelo encrespado, la Medina. el Zoco. No dejes de escribir, sigue cultivando tu don, sigue acunándonos con tus palabras.

    ¡Ah! a mí también me encantan las ventanas como a ti.

  7. Viviana dijo:

    Hola Nuria, me ha encantado ….. como todas las demás entradas 🙂
    Sigue así, con todo tu corazón, tu luz, tu sabiduría.
    Un abrazo muy fuerte.

  8. martanietoarr dijo:

    Hola Nuria… te tomo el relevo… ¡a ver qué sale!

    “….Nala bajó a cenar con el simpático Abdel y compartieron una cena sencilla pero llena de sabores misteriosos que hicieron que Nala se sintiera totalmente conectada con el momento presente olvidándose completamente de dónde venía y hacia dónde se dirigiría. Entre bocado y bocado, Nala escuchó con toda su atención las historias de Abdel, el cual resultó ser un excelente orador. Abdel le contó las historias del desierto, leyendas y verdades que había escuchado desde que era niño, en las cuales el viento susurraba secretos llenos de sabiduría, los amaneceres estaban repletos de promesas y nuevos comienzos para aquellos que los observaran, los atardeceres traían momentos de perdón y liberación, y las estrellas inspiraban canciones y relatos a aquellos que se sentaban alrededor del fuego a compartir manjares ricos en especias y postres endulzados con dátiles. Tras empaparse en estas historias y perder la noción del tiempo, Nala se sintió de repente cansada, y tras despedirse y dar las gracias al amable Abdel, se dirigió a su habitación. Entonces, una vez más se acercó a la ventana y miró al cielo estrellado. Entonces, una brisa acarició su rostro y escuchó una voz en su interior que le decía: “Este es el comienzo del viaje que estabas destinada a realizar… a partir de ahora sólo tendrás que seguir tu intuición y las señales que se te irán apareciendo en el camino. Disfruta de cada paso, mira a tu alrededor, escucha a aquellos que aparecen en tu camino y recuerda, eres libre y puedes llegar a dónde tú desees…. Yo te acompaño, te amo y estaré siempre contigo…” Entonces Nala sintió una paz interior y un amor que le inundaron todo su ser y se dio cuenta que por primera vez, había escuchado a su voz interior, a la sabia mujer salvaje que habita dentro de cada una de nosotras, hablándole directamente. Se sintió completa y con una certeza absoluta de que este viaje sería el comienzo de un largo trayecto en el cual caminaría libre, sin miedo y sin aferrarse, dejando por fin marchar los pesares del pasado, y fluyendo hacia su libertad. Con estos pensamientos, Nala se tumbó encima de la cama, y en unos instantes quedó dormida adentrándose en un sueño profundo…”

    • mujertaruk dijo:

      Precioooso Martitaaaa!!! Sí, señoraaa!!! Realmente te animo a que crees otro blog y puedas ir haciendo otra novela, tienes madera de escritora:) Qué bieeenn!!! cada vez somos más mujeres con alma de escritoras saliendo a la luzzz!!!! GRACIASS!!!! ❤

      • martanietoarr dijo:

        Muchas gracias Nuria, de hecho ya tengo uno! hehehe…lo tenía un poco abandonado pero ultimamente he retomado la escritura y parece que la inspiración va volviendo poco a poco… Creo sin duda que la escritura es una forma maravillosa para que nuestra alma se exprese lo que es totalmente necesario para nuestro bienestar pero hay veces, que por un motivo o por otro, encontramos un monton de excusas para simplemente dejar de hacer lo que sabemos que es bueno para nosostras… menos mal que nuestra esencia es sabia y se queja de diferentes maneras! yo sentía un vacío tremendo y desde que he retomado la escritura me siento cada vez mas completa. Así que adelante, yo también te animo a que continues escribiendo e iluminando a aquellos que se crucen en tu camino. Un beso enorme!

  9. mujertaruk dijo:

    Bueno chicas, parece que gana por goleada el sí. Así que haremos una cosa: iremos alternando entradas. A lo largo de la semana, habrá dos posts: el primero será la continuación de la novela, y el segundo será como hasta ahora, un textito sobre temas varios. Así continuaremos con el propósito de este blog, curarnos, aprendernos, escucharnos. GRACIAS infinitas desde aquí, porque me estáis dando una energía que ni os lo imagináis!!! Merece la pena seguir por todas vosotras, aunque a veces tenga que comerme un poco la cabeza para continuar creando cosas con valor 🙂 Un abrazo muy pero que muy especial para todasssss!!!!! ❤ ❤

  10. Bárbara dijo:

    Me encanta Nuria! mujer conectando con su esencia y aterrizando al aquí y ahora que brinda la magia de la vida… llegué de trabajar, abrí la página y esperé a despertarme para leerlo con la mente bien fresquita 🙂 Siii continúa !!

    Besitos !

    • mujertaruk dijo:

      Qué gusto que me leas así, Bárbara, justo después de trabajar, ya más despejada. Es la idea de este espacio, encontrarnos todas aquí y sentirnos como en casa de a gustito 🙂 Mil gracias por tus palabras, preciosa!!! 🙂

  11. Adriana Vera dijo:

    Saludos!

    Es la primera vez que comento en un blog… Pero me saltó el impulso a animarte a seguir; está divino. Me encanta leerte. Me resuenan en el pecho las palabras que escribes; muy genuina tu manera de contar lo que sientes. Porfavor: MAS!!!

    • mujertaruk dijo:

      Jooo, pues es un privilegio que, no habiendo comentado nunca un blog, te hayas animado a compartir en este. Me alegra muchísimo que lo hayas hecho, Adriana, vuestro apoyo es muy importante para mí, porque esto lleva su curre, no te creas. GRACIAS, bonitaaa!!! ❤

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