NALA Y EL MAR

Después de saborear aquel bizcocho, la joven siguió caminando por las viejas callejuelas de la ciudad, estaba perdida y tenía que abrir mucho los ojos para acordarse de todo, cada detalle, nombre, esquina, tienda… Era la única forma de reconocer el camino de vuelta después. La verdad es que nunca le habían gustado los mapas ni las guías de viaje, su madre le había comprado un librito sobre Tánger antes de su partida, y ni siquiera lo había mirado. Si algo tenía claro la chica es que no quería sentirse una turista más en aquél continente, no tenía billete de vuelta ni sabía cuánto tiempo se iba a quedar. Sólo deseaba cambiar de aires, ver caras nuevas, escribir infinito y volver a latir. Porque hay veces que la vida se para y es necesario coger un avión y marcharse.

Los últimos años en Madrid habían sido de todos menos de Nala. Cuando acabó la universidad, su padre insistió en que hiciera algo de provecho, la Filosofía no iba a darle de comer, así que lo más inteligente, según él, era intentar meter cabeza en la empresa familiar. Su tía Elisa tenía una copistería en el barrio de la Arganzuela y necesitaba una dependienta, Nala se sentía en deuda con su familia por haberle costeado una carrera sin salidas, y estaba harta de escuchar que vivía en las nubes, así que quiso tomar tierra y decidió probar. Pronto se dio cuenta de que el horario comercial mataba cualquier pasión que una pudiera tener, cualquier atisbo de libertad, cualquier sueño del corazón. Entraba a las ocho de la mañana y salía a las ocho y media de la tarde, con los dedos destrozados de hacer fotocopias. Llegaba tan cansada que, por las noches, sólo le quedaban fuerzas para ver un poco la tele, darse una ducha e irse a dormir. No había día que no se levantara con la cabeza embotada y la sensación de funcionar en piloto automático. Se acordaba constantemente de Platón y del Mito de la Caverna. Le parecía que estaban atados. Ella, su familia, la gente, todos estaban atados de pies y manos mirando a la pared. Ajenos al sol, al sonido de los abetos, al mágico silencio que habita entre la hierba, en fin… Encima, la relación con su tía no era especialmente enriquecedora. Ambas comían deprisa en el bar de la calle Peñuelas, un lugar bastante lúgubre y lleno de humo en el que siempre servían lo mismo: arroz blanco, huevos con patatas fritas y potaje. La tía Elisa solía quejarse de lo sola que estaba, había enviudado con 46 años y no había vuelto a enamorarse. Los viernes por la noche, cuando llegaba de trabajar, abría una cerveza, colocaba los pies suavemente sobre el lomo de Marco, el Cocker Spaniel, y encendía el ordenador. Entonces se frotaba las manos y se metía en el mismo chat de siempre, donde le esperaban “Hombrelobo”, “Shay”, “Dani58” y “Madurito62”. Charlaban un poco, y en seguida llegaban las citas. Su tía quedaba todos los sábados con un hombre diferente, y sólo parecía encontrar un poco de disfrute los lunes, cuando en la sobremesa, y con todo lujo de detalles, le relataba a Nala sus aventuras.

La joven se sentía desfallecer por momentos. Por aquella época, conoció a un chico y se fueron a vivir juntos. Al principio, fue todo un soplo de aire fresco, los dos estaban deseando que llegara el fin de semana para quedarse remoloneando en casa, pedir pizza y acariciarse en el sofá. Él ponía algún disco de jazz y ella se dejaba caer entre sus brazos. Los dos reían al repasar las anécdotas de Elisa, e intentaban imaginar cómo sería la cara de “Hombrelobo” o de “Madurito62”. Pero los meses de enamoramiento se esfumaron pronto, dejando paso a una relación más reposada y estable. Él empezó a pasar más tiempo con el grupo de teatro de Lavapiés, y cada vez salía más temprano los sábados para el ensayo, solía llevarse algo de comida en un táper y luego Nala iba a buscarle al local por las tardes. La chica se sentaba en la segunda fila con las piernas cruzadas y esperaba. Esperaba hasta que daban las diez o las once de la noche, y todos salían a tomar unas cañas. Ella se sentía extraña en aquel ambiente, ni siquiera entendía las obras de teatro que representaban con tanto fervor, no entendía sus conversaciones ni hablaba el mismo lenguaje que ellos. Intentaba pasar lo más desapercibida posible tras su flequillo, asentía de vez en cuando y fijaba la atención en cosas que ninguno de los que estaban allí había observado: el botón de la camisa de David, a punto de caerse; el sabor de los pepinillos de la hamburguesa vegetal; el brillo de la constelación de Orión, su favorita; la farola intermitente de la esquina; el útero tenso, deseando llegar a casa y descansar; la voz que grita me quiero ir de aquí, me quiero ir de aquí, me quiero ir de aquí.

¿Por qué seguía trabajando con su tía después de tres años? ¿Por qué había dejado de escuchar música celta y ahora decía que le gustaba el Jazz? ¿Por qué le acompañaba al teatro todos los sábados después de trabajar?¿ Por qué luego salía de noche con sus amigos, los de él? ¿Por qué se había hecho vegana si le encantaban los huevos fritos con patatas del bar de Peñuelas? ¿Por qué apretaba los dientes para que las horas pasaran más deprisa, y el ensayo se acabara, y las cañas se acabaran, y al final cada uno se fuera a su casa a descansar? ¿Por qué había dejado de escribir? ¿Por qué ya no leía poesía ni meditaba? ¿Por qué sus sueños, sus pasiones, su fuego, todo lo que antaño le daba poder e inspiración había quedado reducido a cenizas minúsculas?¿Por qué había tenido que bajar de las nubes?

Iba pensando en todo ésto cuando, de repente, llegó a su nariz un olor inconfundible, un olor de peces y sal, de arena acariciada, de algas y medusas, de honduras y rocas. Miró hacia un lado y hacia otro, se puso de puntillas, se agachó, pero ni rastro de azul. Movida por una fuerte intuición,la joven se echó a correr calle abajo, y en seguida pudo escuchar el oleaje, esa mezcla de susurro y golpe seco, ese sonido calmado. Dio un par de pasos más, impaciente, afinó los sentidos, giró sobre sí misma y allí estaba, azul inmenso, el mar de Tánger. Todas las preguntas se disolvieron de pronto. Hay paisajes tan bellos que no admiten palabras. Y Nala… Nala acababa de descubrirlo.

Feliz fin de semana, hermosas ❤

Nuria.

*A todas aquellas que aún no hayáis publicado vuestras listas de propósitos para el otoño en el post anterior, os animo a que lo hagáis y compartáis con las demás. Están saliendo cosas preciosas!!! 🙂

tanger sea

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19 comentarios en “NALA Y EL MAR

    • mujertaruk dijo:

      Jeje, GRACIAS, Isa, todo dependerá de dos cosas: que no me falte inspiración y que no me falte vuestro apoyo. Mientras cuente con ambas… la historia de Nala tendrá laaargaaa vida!!! Gracias mil por tus palabras 🙂

    • mujertaruk dijo:

      Gracias mil, Nuria, parece que el personaje de Nala se va dibujando poquito a poco, ya le voy viendo los ojillos, el pulso y los sentimientos, jeje, veremos a ver cómo evoluciona:) GRACIAS por seguir aquí y no dejar de comentar, me anima muuuuuuuchooooo!!!!! Muuuuuuuuuuuuuaaaaaaaaaaaaaaaaa ❤ ❤

    • mujertaruk dijo:

      Gracias a ti, Pilar, que a veces da un poco de pereza dejar comentarios en las entradas, pero para quienes estamos detrás de la pantalla escribiendo… es muy pero que muy IMPORTANTE!!! Todas vuestras palabras son el fueguito que logra que este espacio continúe vivo:) Un abrazo muy muy fuerte, bonitaaaa!!!

      • Pilar dijo:

        Te entiendo muy bien Núria, yo también tengo un blog y a veces pienso que los papás no se miran nunca las fotos de los momentos únicos de sus hijos que viven en la escuelita y me da penita y seguro que lo hacen, pero sin comentarios y con las prisas…parece que no exista ese compartir y esa mirada… Un beso!

  1. Nataly dijo:

    Es tu forma de escribir… tu manera de mirar y no de ver… Ese amor que sale de ti y se refleja en tus palabras… Transmites lo que sientes como si se pudiese tocar… Y eso es luz… No todo el mundo consigue liberar esa luz… ME ENCANTA!!!! Yo quiero saber más mucho más de NALA… Nuria, tú formas parte de mi historia, ha sido un regalo encontrarte… Sigue así con ese espíritu tan puro, no cambies jamás!!!

    • mujertaruk dijo:

      Jooo, Nataly, ¿qué decir? Me alegras el corazón una barbaridad!!!! Me hace infinita ilusión que me consideres parte de tu historia, tú también eres parte de la mía y la de todas nosotras:) Si no hubiese comentarios tan generosos y bellos como el tuyo… no sé si encontraría las fuerzas suficientes para seguir sentándome detrás del teclado y escribir todas las semanas, te lo digo de verdad. Tus palabras son aire puro que me ayuda a volar. GRACIAS DE CORAZÓN, HERMOSA ❤

      • Nataly dijo:

        Confía en tí… Está claro que cuando la vida pone en tu camino palabras hermosas de quienes te leemos es por todo lo que tu nos dás. La vida nos devuelve lo que entregamos. Así que todo lo que recibas bien merecido será!

    • Sandra dijo:

      HOLA !si yo tambien estoy de acuerdo con Nataly. Muchas pero muchas gracias !! por compartir tus pensamientos y extenderlos alos 4 vientos del planeta eres un punto brillante en el universo de verdad espero encontrar mas humanos como tu , tu energia me atrajo a este punto de reencuentro
      saludos y que tengan una excelente semana de Una mexicana en una isla de Canadà .

    • mujertaruk dijo:

      Pues claroooo!!! ¿Cómo no iba a visitar tu blog? Me enganchó el nombre, me pareció enigmático, no sé 🙂 Si de algo te sirve mi opinión… decántate por la poesía, me transmites muchísimo más en tus versos que en la prosa, y además… el mundo necesita nuevos poetas!!! Así que… ADELANTE!!! Gracias mil por comentar y por pasarte por el blog y BIENVENIDOOO!!!:) No olvides suscribirte en la parte de la derecha. Un abrazo muy muy fuerte y muchísimoooo ánimo con la escritura, no lo dejes!!! 🙂

      • sonadoresdelzulu dijo:

        Jaja tengo que mejorar todavía algo en la prosa, pero es sobre todo el estrés de mantener mis cuentos cortos lo que me perjudica sobre todo. Tengo tantas cosas que decir que se me queda muy apretujado en un texto de pocas líneas. Pero si quieres, puedes seguirme y ayudarme a mejorar en lo que escribo, estaría genial, estoy abierto a todo tipo de críticas.

        Gracias por lo de la poesía, me encanta escribirla, sin embargo la prosa más. Me interesa escribir un libro.

        Un saludo!

  2. Sandra dijo:

    ASÌ, como Nala me converti un tiempo en mi vida llegas a dejar al lado tu escencia ,te dejas llevar a veces por la carrera que llevan los demàs , pero luego del nacimiento de mi 2 o. bebe desperte de nuevo no debemos de seguir estereotipos ni dejarnos llevar por la corriente del mar tan profundo de numéros de la mercadotecnia ,olvidarnos de ese ajitamiento de las rutinas FULMINANTES ,ahora prefiero estar cerca de el verdor mientras dura antes de caiga la nieve yo y mis 2 peques estamos tan bronceados que parece que tenemos 2 pieles pero el solo caminar por el pasto me da tranqulidad . BUSCA TU inspiraciòn donde la dejaste .
    Deseo que tengan unos dìas llenos de luminosidad y hermandad .

    • mujertaruk dijo:

      Me encantó tu comentario, Sandra, es cierto que Nala es una de entre todas las mujeres que, en algún momento de nuestras vidas, hemos vivido exclusivamente para los demás, adaptándonos tanto a ellos que nos hemos olvidado incluso de nosotras mismas, de quiénes somos y de qué es lo que nos mueve. Te imagino perfectamente con tus peques, moreniiiitos moreniiiitos y se me antoja una imagen PRECIOSA. Disfruta de tu libertad, linda!!! 🙂

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