NIEVE

Nadie sabe cuánto tiempo estuvo Nala contemplando el mar, se acabó el bizcocho de mandarina, se acabó el pan con aceitunas, y la joven siguió. No estaba acostumbrada a la sal ni a las gaviotas, en Madrid no había esas cosas, así que disfrutaba como los niños cuando ven la playa por vez primera y señalan, y sonríen. Se prometió memorizar los distintos tonos de azul: azul celeste, azul verdoso, azul oscuro, azul de barro… También sus ojos eran azules. David solía apartarle el flequillo de la frente para poder verlos mejor, -me dan paz- decía. Y, sin embargo, ella era un revoltijo de nervios, destellos claros, dudas y noches.

David… David ya no estaba. En los últimos meses, la cosa se había ido enfriando entre los dos. Él se empeñaba en seguir como siempre: los mismos planes, los mismos amigos, el mismo trabajo, incluso las mismas canciones una y otra vez. Y ella se había parado, en seco, como se paran las tortugas cuando tienen miedo y no saben para dónde tirar. Cada vez hablaba menos, ya no iba a buscarle al teatro, ni le sonreía por las tardes, cuando llegaba de trabajar, ni cocinaba para él, nada. Algo estaba cambiando, estaba mudando de piel. El último día le soltó la bomba: dejaba la copistería de su tía, Madrid y las noches de jazz, se iba a Tánger. Y ahí se terminó.

Le echaba de menos, es cierto, a veces incluso se sorprendía a sí misma dirigiéndose a él para sus adentros. Ahora contemplaba el mar, y pensaba que, si seguía en línea recta y nadaba miles de kilómetros, podría llegar hasta él. Pero no iba a hacerlo. Había algo que no dejaba de impulsarla hacia delante, algo que ni ella misma era capaz de asimilar. Tenía un arduo trabajo pendiente, un trabajo que no podía esperar ni un solo segundo: había que llegar al hueso, al alma de las cosas, conocer la verdad, fuera cual fuera.

¡Qué lejos estaba, madre mía! De la verdad y de su casa. Se dio cuenta entonces. Cuando se huye, se huye a todo correr y rara vez se vuelve la vista atrás, pensó. Miró a su alrededor y contempló el rostro arrugado de dos hombres que estaban frente al mar, sus chilabas, sus gorros, todo era distinto en Tánger. Por primera vez desde que llegó a la ciudad, se sintió extraña. Las estrellas en el cielo eran las mismas en África y en España, sí, pero las gentes, las comidas, los olores y los paisajes hablaban de un mundo aparte. Un mundo en el que ella estaba sola. De pronto, una gaviota rasgó el aire en dos y aterrizó donde Nala. Se le habían caído unas miguitas del bizcocho en el suelo y quería aprovechar el manjar. Siempre había estado enamorada de las aves, así que se sintió contenta, en compañía.

Su amor por los seres alados venía de antiguo. Eran su obsesión desde pequeña. Cuando era niña, le costaba horrores entablar amistades con los compañeros de clase, se levantaba todos los días a las siete e iba al colegio arrastrando los pies. Allí trataba de sentarse junto a la ventana, la única luz de su vida. Hablaba poco, atendía poco, respiraba en fino, intentaba dejar de existir. Los profesores no comprendían, habían hablado varias veces con los padres y la cosa no parecía tener solución. La pequeña se negaba a ir al psicólogo, simplemente había nacido humana y no quería, quería ser pájaro.

Un día, a los diez años, su padre le dio la mejor de las sorpresas. Una paloma se había caído del tejado, tenía el ala herida y había que entablillarla, para que el hueso se fijara. Nala se acercó a aquellos ojos, a aquel símbolo de paz, a aquel ser vulnerable y blanco. Y en seguida supo que era lo más bello que había visto jamás. Lo más bello, en serio. Pronto, la paloma fue bautizada con el nombre de “Nieve”, recuperando el peso, el lustro de las plumas y la dignidad. La niña estaba encantada, todas las noches dormía junto a Nieve, que quedaba quietita al borde de su cama, en una caja de zapatos Camper. Gracias a su nueva amiga, Nala empezó a expresarse, a abrir la boca, a cantar canciones. Inventó nanas, escribió versos, pasó horas y horas mirándola a los ojos, se pintó alas. La paloma se sentía cada vez más a gusto, se estaba recuperando muy rápido y ya se movía con agilidad. Hasta que un día, el padre pronunció las palabras: estaba lista para volar. Así que se fueron a la terraza, un quinto piso sin ascensor, con la paloma entre las manos. Con un ligero movimiento hacia arriba, desde el brazo, le dieron impulso, y Nieve batió sus alas, volvió a su medio y nunca más se volvió a saber.

Desde ese instante, Nala quedó prendada de las aves. Cada vez que veía a una paloma en el cielo, pensaba en Nieve y le mandaba abrazos. Ahora, en Tánger, frente al mar, no había palomas, todo estaba lleno de gaviotas, y daba igual. Lo importante era que hubiese sol y seres alados y nubes, y espacio amplio, y libertad. De repente, una dulce mano la sacó de su ensoñación. Alguien le tocó el hombro. De entrada, le dio miedo, estaba en un país extraño, no conocía a nadie, ella sola, en fin… Pero se volvió y observó aquel rostro, y supo que aquellos ojos estaban limpios, limpios como los de Nieve.

Continuará…

Nuria ❤

* Hoy en Mujer Taruk estamos generosas.A partir de hoy, vais a poder seguir las aventuras de Nala también en audio. Para todas las mujeres bonitas con discapacidad visual, y para todas aquellas que, por lo que sea, disfrutan más escuchando que mirando con los ojos. Tenéis los primeros cuatro capítulos grabados aquí: https://soundcloud.com/nuria-mujer-taruk

 

Tanger

* Como veis, la historia tiene mucho de autobiográfico. No es una paloma, pero sí es una gallina, y por la cara de loca que tengo en la foto… apuesto a que la pobre estaba temblandito de miedo.

nuria en el país de las maravillas

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20 comentarios en “NIEVE

    • mujertaruk dijo:

      Gracias mil, Nahia, me alegra taantoo que sigáis habitando este espacio después de tantos meses!! (ya casi un año!!). Ojalá podamos seguir caminando juntas las próximas 13 lunas, hasta que el alma aguante 🙂 Un abrazo de corazón, mujer ❤

    • mujertaruk dijo:

      Gracias a ti, Nathalie, para mí ese “gracias” o esa palabra sencilla que compartís conmigo es muy importante, me eleva los vuelos:) Un placer seguir aquí detrás, escribiendo para mujeres como tú. Te abrazo fuerte amiga ❤

    • mujertaruk dijo:

      Gracias, ma, creí que sería bonito compartir algo tan íntimo como una foto de cuando era pequeña. Y también pensé en lo bonito que es escuchar una historia, no sólo leerla. Poder cerrar los ojos y dejarse transportar a otros paisajes, al susurro del mar… Gracias por valorar mi trabajo, me hace mucho mucho bien ❤

  1. Maria Angela dijo:

    Gracias por tu dedicación, todavía no escuche los audios, estoy deseando tener un tiempecito para dedicárselo…abrazos primaverales

    • mujertaruk dijo:

      Gracias a ti, María Ángela, eres una de las incondicionales de este espacio y no sabes cuantísimo se agradece tu presencia!!! Aunque, de momento, sólo podemos comunicarnos con palabras, quiero que sepas que aprecio profundamente tus comentarios, siempre te tomas la molestia de contarnos algo y es una maravilla tenerte por aquí. Ojalá algún día pueda ponerte rostro y conocerte en persona. Un abrazo muy muy fuerte bella ❤

  2. NuriLove dijo:

    Me ha encantado encontrarme con Nala de nuevo. Recuperarla y saber de ella. Me he visto frente al mar observando las olas…. Qué bonito Nuria y qué linda foto has puesto de tu infancia. Te mando un gran abrazo y me alegro mucho de que hayas retomado el relato, porque me tiene muy enganchada.

    • mujertaruk dijo:

      Gracias mil por tus palabras, Nuria querida, me acordé de ti y pensé que había que darle una cuarta oportunidad a Nala 🙂 Si te digo la verdad, ni yo misma sé cómo continuará la historia, jeje. Me alegra muchísimo haberte visto el jueves y saber que estás bien, entusiasmada con nuevos proyectos y con tus pasiones de siempre. Ánimo con esos blogs, que son espacios del alma ❤

      • NuriLove dijo:

        Siempre es un gran placer leerte pq tus palabras fluyen con magia. Yo tb me alegró mucho del rato q estuvimos el jueves. muchas ganas de verte. Eres, un regalo… Y por supuesto q Nala se merece otra oportunidad y tu tb no t olvides. Un beso y gracias por tus palabras siempre tan cariñosas

    • mujertaruk dijo:

      Mil gracias por tus palabras de apoyo, Bárbara, también tú eres de las lectoras más fieles que llevan conmigo casi desde los principios, y es un gusto, en serio, un verdadero gusto 🙂 También yo creo que Nala tiene algo, y me alegra que te resuene la historia, seguiremos dándole alas pa´ que vuele 🙂 Abrazos fuertes hermosa ❤

    • mujertaruk dijo:

      Y mediante los audios, Belén, que son otra forma distinta de acercarse a esta novela, más desde el sentir, la intuición… Es un placer seguir dándole forma junto a personas como tú. Seguiremos en ello. Abrazos fuertes Belén ❤

  3. Maria Angela dijo:

    Gracias Nuria por tu linda voz, me lleva a visitar tus paisajes de manera delicada y en estado meditativo…continua disfrutando de tus dones y gracias por compartirlos con tanta dedicación.

    • mujertaruk dijo:

      Ayy María Ángela!!! cuánto me alegra que hayas escuchado los audios!!! Son para vosotras!!! A mí es que me encanta leer y que me lean, no puedo evitarlo. Se nos ha olvidado contar cuentos y leer junto a la hoguera, y es necesario, porque se cura el alma. Un abrazo muy muy especial ❤

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