MADRE QUERIDA

Crecimos debajo de una encina. Tú preparabas los bocatas de mortadela, el agua, los yogures. Papá cavaba en la tierra. No sé por qué pero, siempre que miro hacia atrás, recuerdo a papá cavando en la tierra, las manos sucias, el sudor en la frente, la sonrisa en la cara. Nosotros recogíamos bellotas. ¡La de veces que habremos jugado con el capuchón de las bellotas! ¡La de veces que habremos encontrado larvas de gusano, pupas, animales extraños! Nos gustaba estar allí. Yo creo que nos resultaba sencillo, hablar con los árboles, con los perros, con el último sol de la tarde, echar la siesta sobre la roca, andar descalzos, nos resultaba sencillo. El mundo de los hombres, de las mujeres, del asfalto y de las prisas, en cambio, nos parecía complejo. Una maraña de artificios, de cables, de cosas que no comprendíamos. Madre querida, tú renunciaste a los tacones, al pintalabios, a los bolsos de Prada y a la laca de uñas. Renunciaste porque descubriste una luz, un resplandor entre las hojas, los ríos, los olores del campo. Dejaste el ático de Goya para irte con papá a las montañas, que eran mucho más altas y elevadas que cualquier edificio de la gran ciudad. Dejaste los guateques, el cine, la cerveza fría, para seguir a aquél que conocía el nombre de los pájaros. Y ahora podrías estar lamentándote, como tantas, preocupándote por las arrugas de la edad, por el pelo, por la ropa que pudiste haberte comprado. Pero no. Has aprendido a valorar lo que importa. Nunca sales a la calle sin tu cuaderno de flores. Nunca dejas de sorprendernos, con tus seis horas de sueño, tu risa, tu vamos que la vida son dos días y hay que aprovechar. Gracias. Gracias de verdad.

Madre querida, no puedo regalarte más que estas palabras. No tengo dinero en los bolsillos, ya sabes. Y aunque lo tuviera, jamás correría a las tiendas, por principios. Podría haberte salido ingeniera, catedrática, médica, abogada, tenía inteligencia de sobra, era buena en los estudios. Es sólo que buscaba otra cosa, ¿no? Un sentido, supongo, a todo el dolor que me azotaba. A tantas y tantas sombras, tantos demonios, tantos días a oscuras. Vosotros me distéis la libertad, dejasteis las puertas abiertas, para que yo, morena niña, pudiera decidir. Y decidí leer, porque la casa estaba llena de libros y yo me sentía pequeña para salir de la casa. Leí tanto que ahora, a mis veintiocho, sólo puedo producirte palabras, regalarte palabras, vivir de palabras. Hay personas a las que les salvan los barcos, a mí me salvan las palabras. Me salva tu mano, vuestra mano, me salva saber que puedo llamarte a cualquier hora, que estarás ahí, con cuarenta de fiebre, con legañas en los ojos, con dolor de cabeza, estarás ahí. Me salva imaginar que seré una viejita como tú, como la abuela, llena de gracia, de alegría, de generosidad. Gracias. Gracias de verdad.

Aún tengo que aprender muchas cosas. Por ejemplo, que no hay que ir por la vida con absolutos. Que es mejor ser humilde, aceptar las derrotas, mostrarse tal cual. Mi punto de vista es limitado, mi experiencia es limitada, mi capacidad de comprensión es limitada. No puedo pretender tener la razón, abarcar la realidad en todos sus ángulos, ganarle a la incertidumbre, a la magia, a la mano incontrolable que todo lo mueve. Aún tengo que aprender a ser entera, como la luna en las noches de verano. Y ser entera significa mostrarse temblorosa ante los demás, ignorante, pobre, sí, pero también lo contrario, sabia, brava, capaz, competente. Enséñame, madre, algunas de las lecciones que tú has aprendido. Como que hay que saber estar sola, como que a veces hay que apostar fuerte, a ciegas, por lo que se quiere. Como que, en tiempos de pan y cebolla, hay que ir por las casas vendiendo lámparas, manteles, tapices y jerséis. Aunque se tenga un grado universitario. Enséñame, madre, la bondad del paso de los años, la bondad de las canas, la experiencia, las manos manchadas por la edad. Enséñame a morir una y mil veces, como los bosques, para luego resurgir de mis cenizas, con los dientes negros y el corazón esperanzado. Enséñame a esperar, como nos esperaste tú en tu vientre, madre, los nueve meses de rigor. ¡Qué bien que estés aquí! ¡Qué bien que sea tu día! Gracias. Gracias de verdad.

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18 comentarios en “MADRE QUERIDA

  1. María dijo:

    Que bonito que las dos tengáis fotos con las flores…!!
    Gracias por tus palabras Nuria, que aunque a menudo me cuesta pasarme por aquí, siempre te sigo leyendo; siempre me encantan tus palabras medicina..
    Ps: hace poco hice la última meditación que nos diste, me encanto….!!

    • mujertaruk dijo:

      María!!! Pero qué ilusión, mujer!!!! Qué bien que sigas por aquí!! Te echaba de menos!! ¿Qué tal sigues?, ¿cómo te trata la vida? Espero que aquella racha pasara y estés mucho mejor 🙂 Mi madre es otra enamorada de las flores, de hecho… es la primera, junto con mi padre. Luego los demás nos copiamos, jeje. Te mando un abrazo bien bien fuerte, María, y mis mejores deseos allí donde estés. Ojalá la vida te trate bonito ❤

  2. Chiqui dijo:

    Aunque mis palabras no sean como las tuyas, ni escriba como solo tu sabes hacerlo, se que te llegarán, como a mí me llegó el mejor homenaje que una madre pueda tener no en el día de la madre sino en todos los días de su vida. Sentirse madre querida es el mejor tributo que
    una madre pueda tener después de tanta entrega. Me lo pusieron fácil, se dar porque a mi me dieron, se amar porque a mi me amaron.

    Ocho años y medio esperando tenerte merecieron la recompensa con la que fui premiada. Te tuvieron que sacar porque tu debías de estar tan calentita y confortable dentro, que no tenías prisa por nacer. Yo si estaba impaciente por verte. Abriste los ojos a la vida y no los querías cerrar. Dos ojos como dos luceros y todas las noches en vilo para no perderte nada.

    Por la calle, en la mochila, tenías que ir en posición contraria para mirar el mundo que se abría a tus ojos, para observar, para aprender, para llenarte de sabiduría, esa que hoy despliegas con creces y que a la vista está.

    Cómo decir en pocas palabras lo orgullosa que estoy de tí. A veces me gustaría gritarlo bien alto para que llegara a todos los confines de la tierra.

    Gracias por todo lo que me das cada día, por estar ahí cuando te necesito, por tu empatía, por tu dulzura, por tu cercanía, por tu generosidad, por ser como eres.

    Ojalá que aún podamos disfrutarnos muchos años y nos veamos crecer sin perder la sonrisa, sin perder la alegría.

  3. Maria Angela dijo:

    GRACIAS NURIA POR PRESENTARNOS A TU MAMI, con tanto Amor y ternura!!!

    Tus palabras las recibo de corazón, yo, también! como homenaje a nuestras madres…dadoras sin cansarse…cayendo y levantando, con sonrisas y palabras de aliento…GRACIAS..,

    Soy madre también y se cuanto se aman a los hijos, y cuanto te aman ellos siempre, aun a veces sin palabras…gracias Amor por la VIDA, dada.

    • mujertaruk dijo:

      Qué belleza de canción, María Ángela, no la conocía! Mil GRACIAS por seguir compartiendo tanto con nosotras: amor, recetas, canciones… Que vivan los espacios- medicina llenos de cosas bonitas!!! Que vivan!!!! 🙂

  4. noeliamos dijo:

    Que bello Nuria! Te leo y siento unas ganas enormes de coser una libretita azul para tu madre, un cuaderno de vientos, para que lo lleve y lo llene de mundos y secretos a ser contados.
    Yo a veces odio a mi madre, sabes, y también ahí la amo porque es espejo de mi sombra y aprendo, y suelto, y crezco, y agradezco.

    Un abrazo grande con todo y sombra.

    • mujertaruk dijo:

      Pues sí, Noelia, los padres nos recuerdan lo brutal de nuestras vidas: nuestra inseguridad, nuestro miedo, nuestra falta de amor propio, nuestro vacío inmenso… Supongo que hay que aceptarlo así, y sobre todo tener la confianza de que es para bien, siempre siempre siempre es para bien. Abrazo grande y GRACIAS por tu honestidad, me gusta la gente real 🙂

  5. guru dijo:

    Sencillamente precioso. Mi ama, era mi luz, mi guía su sonrisa iluminaba mi camino, su libertad me dio Alas pars volar y sus brazos me cobijaron siempre que necesité amor.
    Se que el lazo invisible qud nos une no se partirá jamas aunq todos los días de mi vida anele sus besos sus abrazos y su comprension.
    Gracias Ama, por sujetarme y por dejarme caer. Por levantarme y sonreírme sin reproches. Te quiero y te querré siempre

    • mujertaruk dijo:

      Aisss, qué bonito me ha sonado siempre lo de “ama”, me encanta tener mujeres del norte volando a mi vera. Seguro que fue una mujer hermosa, Guru, que ahora se habrá convertido en cosas hermosas: el aire que te eleva, el sol que te calienta, el olor del mar… Somos afortunadas, inmensamente. GRACIAS por compartir tanto, mujer. Abrazo grande! ❤

    • mujertaruk dijo:

      Un hombre en el barco!!! me encantaa!!!! GRACIAS!!! Gracias porque este espacio también necesita de vosotros, la medicina se hace mejor entre todos, Ángel. Ojalá te quedes con nosotras mucho tiempo más 🙂 Abrazo grande!

  6. NuriLove dijo:

    Qué bonito Nuria, qué suerte poder decirle unas palabras tan bonitas a tu madre. La verdad que sí, no sabes cuánto te envidio, de verdad.
    Aprovecha todo el tiempo del mundo con ella, de su sabiduría, de su protección, de su compañía…. porque como ella dice, la vida son dos días. Un beso amiga.

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