LA SONRISA SUAVE DEL BUDA

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Como los barquitos de papel que hacíamos cuando éramos niñas. Que se movía el agua y se inundaban. Como los pájaros que se caen del nido, tan pequeños, y se quedan despistados en la acera. Debajo de los coches. Escondidos. Porque no saben qué coño es el cemento, quién lo ha inventado, qué cosa extraña tienen bajo los pies. Como la hormiga que aplastas con el dedo, y dejas herida encima de la mesa. Como la planta en el desierto, que busca y busca y busca el agua sin descanso. Y apenas encuentra gotas, migajas de lluvia, restos de charcos. Como la cría de león que se pierde en medio de la sabana, y grita porque no sabe llorar. Hasta que cae la noche, y sigue sola, y está agotada, y se acurruca bajo los árboles, el corazón en la boca. Mañana se la comerán los buitres. Como la estrella que se muere en mitad de la nada, condenada a seguir brillando en el cielo, a seguir ofreciendo la luz que no tiene. Así me siento yo, hermana. Muerta, a la deriva, hecha pedazos, sin norte, sin sol. Click aquí y sigue leyendo

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EL PERRO COJO DE PEPE MÚJICA

No sé callarme. Soy una persona educada, pero no sé callarme. Lo confieso. Ya me lo decían en el colegio. Es como ahora, ¿no?, que no sé por qué te estoy contando esto. Con el ordenador encendido, el plato de macarrones y las golondrinas sobre el tejado. Supongo que yo también tengo un sueño. Como John Lennon, pero al revés. Un poco al revés. Quiero decir que no me parece eso de estar tiradas en la cama, con el cartel de Peace al fondo y las gafas de pasta. La paz es necesaria, por dios, cómo decir lo contrario. Sólo que no tiene nada que ver con cantar todo el día, dormir, conceder entrevistas, tener dinero en el banco. Hace falta hacer cambios. Porque la gente se está echando a Alemania, ¿entiendes?, jóvenes de veinte, de treinta años, con carreras universitarias, sirviendo cervezas en Alemania. Niños aprendiendo chino a la fuerza, políglotas a los quince meses, dice el cartel, ¡y una mierda! Mujeres que abandonan su pueblo, su Perú verde, amado, cálido como el corazón de las montañas, para venir a la España prometida. A cuidar de las abuelas que no queremos, que no sacamos en la tele, que ocultamos debajo de la alfombra Click aquí y sigue leyendo

MADRE QUERIDA

Crecimos debajo de una encina. Tú preparabas los bocatas de mortadela, el agua, los yogures. Papá cavaba en la tierra. No sé por qué pero, siempre que miro hacia atrás, recuerdo a papá cavando en la tierra, las manos sucias, el sudor en la frente, la sonrisa en la cara. Nosotros recogíamos bellotas. ¡La de veces que habremos jugado con el capuchón de las bellotas! ¡La de veces que habremos encontrado larvas de gusano, pupas, animales extraños! Nos gustaba estar allí. Yo creo que nos resultaba sencillo, hablar con los árboles, con los perros, con el último sol de la tarde, echar la siesta sobre la roca, andar descalzos, nos resultaba sencillo. El mundo de los hombres, de las mujeres, del asfalto y de las prisas, en cambio, nos parecía complejo. Una maraña de artificios, de cables, de cosas que no comprendíamos. Madre querida, tú renunciaste a los tacones, al pintalabios, a los bolsos de Prada y a la laca de uñas. Renunciaste porque descubriste una luz, un resplandor entre las hojas, los ríos, los olores del campo. Dejaste el ático de Goya para irte con papá a las montañas, que eran mucho más altas y elevadas que cualquier edificio de la gran ciudad. Dejaste los guateques, el cine, la cerveza fría, para seguir a aquél que conocía el nombre de los pájaros. Y ahora podrías estar lamentándote, como tantas, preocupándote por las arrugas de la edad, por el pelo, por la ropa que pudiste haberte comprado. Pero no. Has aprendido a valorar lo que importa. Nunca sales a la calle sin tu cuaderno de flores. Nunca dejas de sorprendernos, con tus seis horas de sueño, tu risa, tu vamos que la vida son dos días y hay que aprovechar. Gracias. Gracias de verdad. Click aquí y sigue leyendo

AFORTUNADA

Simple como la hoja en blanco en la que escribo. Afilada como un cuchillo japonés. Me estoy volviendo como los perros. Que ven y escuchan y duermen sin más. Porque mañana es domingo e iremos a los parques. Huérfana de padre y madre, camino por la tierra sin maestros. Sin palabras. Sin consejos que darte mientras tomamos café y me cuentas tus problemas. No puedo ayudarte. Te cojo de las manos y sonrío. Qué bonitas son tus manos, mujer, cuando las miro. Manos de pan y viento, de sudor sobre la frente, de alegrías pequeñas. Te estás creyendo todo lo que dice esa voz en tu cabeza. Y es hermoso, cómo te tiendes trampas a ti misma. Frunces el ceño, te esfuerzas, quieres entender. Pero la vida es otra cosa. No es eso de tener un nombre, un hijo, una historia, una preocupación bajo la almohada. Hay que dejar a las almohadas en paz, siempre lo he dicho. Qué bonito escucharte y no darte opinión. Gracias por la oportunidad que me concedes. Escucharte y aceptarte así, entera, con tus líos y tus náuseas y tu fuerza. Qué bello no interrumpir, no querer hablarte a toda costa, no contarte nada de mí. No entenderías quién soy, qué tengo dentro. Pero me gusta, estoy bien, encuentro calma. Click aquí y sigue leyendo

LUGARES PROHIBIDOS

Ella sabe que hay lugares prohibidos. Aunque mire a los lados y no haya letrero que diga, cartel que prohíba la entrada. Por ejemplo, no puede ir a los parques de noche. Ni pasear por las calles vacías. Cuando la luna se cuelga del horizonte y los gatos salen a cazar. No puede entrar a los bares de carretera. Ni correr libremente por la Casa de Campo. No puede viajar a ciertos países. Sola. Porque todavía hay gente que piensa que una mujer sola es como un niño. Y por tanto necesita ayuda. Y por tanto necesita un padre, un marido, alguien que la sostenga en los baches del camino. Pobre, no vaya a ser que se desmaye. No puede aspirar a vivir del fútbol, a llenar estadios, a oír cómo corean su nombre, enfebrecidos. Aunque sea buena, la mejor. No puede disfrutar de una copa, a su aire. Siempre hay alguien que cree que busca compañía. No puede relajarse en la playa si no hay nadie y está desnuda y no tiene el teléfono cerca. Podría aparecer un loco, hay casos, lo lleva escuchando desde pequeña. Su madre, su abuela, su hermana mayor le han taladrado los oídos. No puede olvidarse de sí misma, no puede soltar el control, abrir el pecho, cerrar los ojos, saborearse, disfrutar. Hay lugares prohibidos y lo sabe. Aunque no se lo hayan enseñado en el colegio. Click aquí y sigue leyendo

LA NATA Y EL CORAZÓN DE LOS NIÑOS

Lo que más me gusta del mundo es el mundo. Y tu sonrisa, los domingos por la tarde. Cuando el sol resbala por las hojas. Y aún no ha llegado la primavera. Por eso cuando sonríes en el mundo podría estallar de felicidad. Ser como uno de esos pájaros que desaparecen en el firmamento, de puro gozo. Porque quieren seguir subiendo más y más alto. Hacia las estrellas. Un día voy a cogerte de la mano y nos vamos a fugar, niña querida. Tú, yo y tu padre. Nos vamos a fugar donde el mar suene más fuerte junto a la cama. Donde podamos andar descalzos día y noche, como los gatos. Donde puedas criarte como las pequeñas criaturas. Lagartijas, salamanquesas, gorriones. Con el pecho al aire y la espalda apoyada en la pared que se raja. Vamos a irnos al campo, enanita, donde sea posible masticar almendras amargas. Donde la puerta de nuestra casa pueda permanecer abierta, cálida, disponible. A todo el que quiera entrar y tomarse un café con leche. Porque adoro que nuestra casa huela a café con leche, ¿te lo había dicho? No digas nada, niña. Que yo te invento los cuentos que tú quieras. Click aquí y sigue leyendo

LA MALA HOSTIA DE TU TATARABUELA

No vine al mundo para sembrar discordia ni para contentar a los demás. A veces escribo posts que nunca publico porque sé que tendrían demasiado éxito. Y el éxito me nublaría la vista, como a todas, y dejaría de escribir desde donde escribo. ¿Sabes? Tienes razón, podría escribir artículos sobre sexo, reinventar el tantra, como si el tantra tuviera algo que ver con lo que hacen dos en la cama. O tres. O catorce. Estoy segura de que tendría el doble de seguidores y lograría varios miles de visitas diarias. También podría aparecer desnuda en las fotografías, estoy acostumbrada a quitarme la ropa cuando voy a la playa, no es una cuestión de pudor. Es sólo que estoy cansada de que las mujeres tengamos que enseñar las tetas para que se nos escuche. Podría hablarte de autoestima, como si yo la tuviera, e inventarme ejercicios para que llenaras la casa de post-it rosas con te quieros. Podría reducir la maravilla, el asombro, el milagro, a unas cuantas teorías sobre la menstruación, el empoderamiento femenino y las diosas hindúes. Desde el punto de vista del marketing funciona. Pero no me sale, lo siento, no va conmigo. No puedo escribir como si mi corazón no gritara. Sé que hay compañeras que viven de ello. Feminidad consciente, círculos de mujeres, educación menstrual, y lo respeto, lo respeto profundamente. Cada una hemos venido a sembrar una semilla diferente. Y mi semilla tiene que ver con abrirme, con serme franca, con mirar de frente las cosas. Click aquí y sigue leyendo