MADRE QUERIDA

Crecimos debajo de una encina. Tú preparabas los bocatas de mortadela, el agua, los yogures. Papá cavaba en la tierra. No sé por qué pero, siempre que miro hacia atrás, recuerdo a papá cavando en la tierra, las manos sucias, el sudor en la frente, la sonrisa en la cara. Nosotros recogíamos bellotas. ¡La de veces que habremos jugado con el capuchón de las bellotas! ¡La de veces que habremos encontrado larvas de gusano, pupas, animales extraños! Nos gustaba estar allí. Yo creo que nos resultaba sencillo, hablar con los árboles, con los perros, con el último sol de la tarde, echar la siesta sobre la roca, andar descalzos, nos resultaba sencillo. El mundo de los hombres, de las mujeres, del asfalto y de las prisas, en cambio, nos parecía complejo. Una maraña de artificios, de cables, de cosas que no comprendíamos. Madre querida, tú renunciaste a los tacones, al pintalabios, a los bolsos de Prada y a la laca de uñas. Renunciaste porque descubriste una luz, un resplandor entre las hojas, los ríos, los olores del campo. Dejaste el ático de Goya para irte con papá a las montañas, que eran mucho más altas y elevadas que cualquier edificio de la gran ciudad. Dejaste los guateques, el cine, la cerveza fría, para seguir a aquél que conocía el nombre de los pájaros. Y ahora podrías estar lamentándote, como tantas, preocupándote por las arrugas de la edad, por el pelo, por la ropa que pudiste haberte comprado. Pero no. Has aprendido a valorar lo que importa. Nunca sales a la calle sin tu cuaderno de flores. Nunca dejas de sorprendernos, con tus seis horas de sueño, tu risa, tu vamos que la vida son dos días y hay que aprovechar. Gracias. Gracias de verdad. Click aquí y sigue leyendo

AFORTUNADA

Simple como la hoja en blanco en la que escribo. Afilada como un cuchillo japonés. Me estoy volviendo como los perros. Que ven y escuchan y duermen sin más. Porque mañana es domingo e iremos a los parques. Huérfana de padre y madre, camino por la tierra sin maestros. Sin palabras. Sin consejos que darte mientras tomamos café y me cuentas tus problemas. No puedo ayudarte. Te cojo de las manos y sonrío. Qué bonitas son tus manos, mujer, cuando las miro. Manos de pan y viento, de sudor sobre la frente, de alegrías pequeñas. Te estás creyendo todo lo que dice esa voz en tu cabeza. Y es hermoso, cómo te tiendes trampas a ti misma. Frunces el ceño, te esfuerzas, quieres entender. Pero la vida es otra cosa. No es eso de tener un nombre, un hijo, una historia, una preocupación bajo la almohada. Hay que dejar a las almohadas en paz, siempre lo he dicho. Qué bonito escucharte y no darte opinión. Gracias por la oportunidad que me concedes. Escucharte y aceptarte así, entera, con tus líos y tus náuseas y tu fuerza. Qué bello no interrumpir, no querer hablarte a toda costa, no contarte nada de mí. No entenderías quién soy, qué tengo dentro. Pero me gusta, estoy bien, encuentro calma. Click aquí y sigue leyendo

LUGARES PROHIBIDOS

Ella sabe que hay lugares prohibidos. Aunque mire a los lados y no haya letrero que diga, cartel que prohíba la entrada. Por ejemplo, no puede ir a los parques de noche. Ni pasear por las calles vacías. Cuando la luna se cuelga del horizonte y los gatos salen a cazar. No puede entrar a los bares de carretera. Ni correr libremente por la Casa de Campo. No puede viajar a ciertos países. Sola. Porque todavía hay gente que piensa que una mujer sola es como un niño. Y por tanto necesita ayuda. Y por tanto necesita un padre, un marido, alguien que la sostenga en los baches del camino. Pobre, no vaya a ser que se desmaye. No puede aspirar a vivir del fútbol, a llenar estadios, a oír cómo corean su nombre, enfebrecidos. Aunque sea buena, la mejor. No puede disfrutar de una copa, a su aire. Siempre hay alguien que cree que busca compañía. No puede relajarse en la playa si no hay nadie y está desnuda y no tiene el teléfono cerca. Podría aparecer un loco, hay casos, lo lleva escuchando desde pequeña. Su madre, su abuela, su hermana mayor le han taladrado los oídos. No puede olvidarse de sí misma, no puede soltar el control, abrir el pecho, cerrar los ojos, saborearse, disfrutar. Hay lugares prohibidos y lo sabe. Aunque no se lo hayan enseñado en el colegio. Click aquí y sigue leyendo

LA NATA Y EL CORAZÓN DE LOS NIÑOS

Lo que más me gusta del mundo es el mundo. Y tu sonrisa, los domingos por la tarde. Cuando el sol resbala por las hojas. Y aún no ha llegado la primavera. Por eso cuando sonríes en el mundo podría estallar de felicidad. Ser como uno de esos pájaros que desaparecen en el firmamento, de puro gozo. Porque quieren seguir subiendo más y más alto. Hacia las estrellas. Un día voy a cogerte de la mano y nos vamos a fugar, niña querida. Tú, yo y tu padre. Nos vamos a fugar donde el mar suene más fuerte junto a la cama. Donde podamos andar descalzos día y noche, como los gatos. Donde puedas criarte como las pequeñas criaturas. Lagartijas, salamanquesas, gorriones. Con el pecho al aire y la espalda apoyada en la pared que se raja. Vamos a irnos al campo, enanita, donde sea posible masticar almendras amargas. Donde la puerta de nuestra casa pueda permanecer abierta, cálida, disponible. A todo el que quiera entrar y tomarse un café con leche. Porque adoro que nuestra casa huela a café con leche, ¿te lo había dicho? No digas nada, niña. Que yo te invento los cuentos que tú quieras. Click aquí y sigue leyendo

LA MALA HOSTIA DE TU TATARABUELA

No vine al mundo para sembrar discordia ni para contentar a los demás. A veces escribo posts que nunca publico porque sé que tendrían demasiado éxito. Y el éxito me nublaría la vista, como a todas, y dejaría de escribir desde donde escribo. ¿Sabes? Tienes razón, podría escribir artículos sobre sexo, reinventar el tantra, como si el tantra tuviera algo que ver con lo que hacen dos en la cama. O tres. O catorce. Estoy segura de que tendría el doble de seguidores y lograría varios miles de visitas diarias. También podría aparecer desnuda en las fotografías, estoy acostumbrada a quitarme la ropa cuando voy a la playa, no es una cuestión de pudor. Es sólo que estoy cansada de que las mujeres tengamos que enseñar las tetas para que se nos escuche. Podría hablarte de autoestima, como si yo la tuviera, e inventarme ejercicios para que llenaras la casa de post-it rosas con te quieros. Podría reducir la maravilla, el asombro, el milagro, a unas cuantas teorías sobre la menstruación, el empoderamiento femenino y las diosas hindúes. Desde el punto de vista del marketing funciona. Pero no me sale, lo siento, no va conmigo. No puedo escribir como si mi corazón no gritara. Sé que hay compañeras que viven de ello. Feminidad consciente, círculos de mujeres, educación menstrual, y lo respeto, lo respeto profundamente. Cada una hemos venido a sembrar una semilla diferente. Y mi semilla tiene que ver con abrirme, con serme franca, con mirar de frente las cosas. Click aquí y sigue leyendo

ECHA A CORRER

Ahora que corro y me siento poderosa. Ahora que corro y sé que puedo dejarte atrás. Ahora que puedo fugarme cuando quiera, que puedo darte la espalda, y decirte adiós y subir al monte sin jadeos, y pegar puñetazos al aire. Ahora, mira por dónde, es cuando me atrevo a compartir. Me he pasado media vida meditando. Y la otra media entre los libros. Gracias a eso puedo escucharte con atención, estar sola sin tristezas y escribirte como si estuvieras aquí y nos conociéramos de siempre. Pero yo notaba que me faltaba algo, ¿sabes?, y no entendía muy bien el qué. El silencio es perfecto, es necesario, sin silencio simplemente los andamios se caen. Podrás reírte a duras penas, creer que disfrutas, decirle “te quiero” a tu imagen en el espejo, hacer bobadas y cursos, tener niños, pensar que estás enamorada y demás. Todo en vano si no tienes silencio. Todo en vano, amiga, hazme caso. Por eso es bueno meditar. Hace mucho bien juntar las manos, sentarse de rodillas, estar ahí para Dios. Lo que pasa es que con eso no basta. También hay que echar a correr, fortalecer las piernas, poner en marcha el corazón y pegar. Sí, como lo oyes, pegar. Pegar patadas, puñetazos, escupir, gritar, y sacar la rabia hasta quedar reventada. Click aquí y sigue leyendo

LA PIEL RAJADA

Soy la bestia terrible. La sombra que se ciñe sobre las montañas. La oscuridad de los volcanes. El odio, la tormenta, el humo de los edificios, el hombre que se tira por la ventana en Japón. Porque ya no puede más. Porque ya ha llorado todo. Soy la liebre muerta de la carretera, los bosques quemados, el río con jabón, los plásticos que flotan en el agua a miles de kilómetros de la tierra. Soy la venganza, la pena, los puños apretados, la garganta que chilla, la sonrisa cruel del que nunca fue amado. Y ahora da con sus huesos en la cárcel. Allá donde los demás desviamos la vista. Soy la parte que no miras, todo el dolor del mundo, el mendigo que te señala con el dedo cuando cruzas la calle y hace frío. La niña que fuiste, la soledad de aquellos años en los que necesitabas algo que no sabías pedir. Los días sin sol, la vaca que te comiste, las noches sin abrazos, sin calor, sin alegría.. Click aquí y sigue leyendo