NO ME INVITES A CERVEZAS

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No sabes quién soy. Tú piensas que sí y me pones títulos como la gente que nombra a las montañas. Por subir el Everest no lo conoces, recuerda. Lo pisas, lo sientes, haces la foto y te vas. Y entonces el Everest deja de llamarse “Everest” y empieza a ser otra cosa. Algo más puro, más basto, más digno de lo que admiran tus ojos.Conmigo sucede igual. Puedes abrazarme, darme besos, subir a las cimas, poner la bandera, sin tocarme.

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BESTIAS SALVAJES

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A veces hay que esquivar a la gente. Decirles que no. Poner mala cara, mandarles callar. Hay que romper compromisos, faltar al trabajo, dejar lavadoras sin poner. Comer pan y agua, rascar entre horas, cerrar todas las puertas de la casa, lo que sea. Lo que sea con tal de estar sola de nuevo. Sin nada. Tan arisca y feliz como los gatos. Cuando se relamen las patas.

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ME ESTOY VOLVIENDO SUPERFICIAL

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Y no me culpo. Es cansado nadar en el fondo. Siempre. Yo creo que el problema de todas es ése. Que el gran estorbo, la piedra más gigante en el camino, la ruina del corazón, es volverse superficial. Hartarse de las puestas de sol, hartarse del ingenio de los niños, hartarse hasta de los besos, la poesía, los bosques de hayas, la migración de las aves. Mirar las cosas como si las hubiéramos visto ciento treinta veces. Como si las supiéramos. Como si fuéramos a vivir para siempre.

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VOLVER A NACER

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Un día de estos vas a hacer un agujero en la tierra y te vas a enterrar, lo sé. Y vas a pasar la noche a solas, a oscuras, con el sonido de los grillos. En pocas horas amanecerá y sabrás que el sol está saliendo. Abrirás los ojos, sacarás las uñas, arañarás la arena. Para salir a la luz y volver a nacer. Tendrás la fuerza de los capitanes de barco, cuando se acercan piratas y el mar está bravo y los hombres borrachos. Serás capaz de coger tú sola el timón, con tus dos manos nuevas, con la lucidez de quien acaba de llegar al mundo y lo ve todo limpio. Empezarás, como empiezan las lagartijas que se quedan sin rabo. Un paso, el siguiente, de repente un rato a la sombra. El aliento, amiga, es lo último que se pierde.

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CÓMO ME DEJÉ LLEVAR POR EL DINERO

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No sé escribir. Nunca seré novelista. Llevo una hora frente a la pantalla del ordenador, sin saber qué decir. Después de tanto tiempo… He perdido el hilo, sí, tengo la sensación de haber perdido el hilo. De los días, de vosotras, de mí, de lo importante. Hay algo que ha cambiado. Sin duda, hay algo que ha cambiado. Necesitaba vivir la experiencia, subir a la cima, montarme el cuento de la lechera. Para después caer, en picado, de golpe. ¡Pum! y empezar de cero. Aunque nunca se empieza de cero.
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APPLE ME ESTÁ MATANDO

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Llevo un mes sin escribir. Escribir para mí, quiero decir, para vosotras. No tengo tiempo. Y el que tengo no puedo pasarlo sentada. Estar frente al ordenador durante horas me produce náuseas. Así que me voy al parque o a la Casa de Campo y corro. Corro como si no hubiera mañana. Se me están poniendo las piernas como las de las futbolistas de la tele. Ésas que no salen. O que salen a las cuatro de la tarde, en el peor canal de todos, cuando la gente está en la piscina y hay que rellenar la parrilla. Siento si no queda demasiado poético. Me disculpo por la prosa, por alguna que otra palabrota que pueda salir de mis manos, por el estilo. No por la honestidad. La honestidad está justificada. Siempre. Click aquí y sigue leyendo

LA SONRISA SUAVE DEL BUDA

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Como los barquitos de papel que hacíamos cuando éramos niñas. Que se movía el agua y se inundaban. Como los pájaros que se caen del nido, tan pequeños, y se quedan despistados en la acera. Debajo de los coches. Escondidos. Porque no saben qué coño es el cemento, quién lo ha inventado, qué cosa extraña tienen bajo los pies. Como la hormiga que aplastas con el dedo, y dejas herida encima de la mesa. Como la planta en el desierto, que busca y busca y busca el agua sin descanso. Y apenas encuentra gotas, migajas de lluvia, restos de charcos. Como la cría de león que se pierde en medio de la sabana, y grita porque no sabe llorar. Hasta que cae la noche, y sigue sola, y está agotada, y se acurruca bajo los árboles, el corazón en la boca. Mañana se la comerán los buitres. Como la estrella que se muere en mitad de la nada, condenada a seguir brillando en el cielo, a seguir ofreciendo la luz que no tiene. Así me siento yo, hermana. Muerta, a la deriva, hecha pedazos, sin norte, sin sol. Click aquí y sigue leyendo